Dos años después.
Miami, Florida.
William caminó sosteniendo de la mano a su pequeño Liam, como le decían para no confundirse, hacia la mesa en donde desayunarían, lo sostuvo entre sus firmes brazos y lo colocó en la silla para niños y lo colocó con cuidado ahí.
— ¿Quieres un poco de fruta? —indagó mirando a su hijo.
El pequeño movió su cabeza y afirmó.
— ¡Mamá! —exclamó con emoción al ver que se acercaba Camila hacia ellos, retirándose el hermoso sombrero que llevaba. — ¿Necesitas ayuda? —inda