CAPÍTULO 107. UNA VIDA NUEVA
Lucía se estacionó y descendió del vehículo, cerró la puerta de un fuerte azotón, limpió sus lágrimas, y caminó hacia la entrada de la casa de Camila.
Henry estacionó su motocicleta y corrió hacia ella, la sujetó de uno de sus brazos.
—Tenemos que hablar —solicitó—, no quiero perderte —manifestó con su pecho agitado.
—Tampoco yo, pero no deseo que mi vida dependa de ti. Tener que identificar tu cadáver, porque la obsesión de una venganza, te ganó.
Henry inhaló profundo, y cubrió con las manos