CAPÍTULO 87 — Los brazos de una madre
Isabella miró el reloj por enésima vez. Apenas eran las diez de la mañana, pero sentía que el día ya había durado una eternidad. La oficina, con su aire enrarecido y el murmullo constante de teléfonos y teclados, se le hacía insoportable. Cada rincón parecía recordarle la conversación que había tenido con Alex horas antes. Su voz, sus preguntas, su mirada llena de una mezcla de ternura y confusión.
Cerró los ojos por un momento y respiró hondo. No podía seg