CAPÍTULO 223 — Conversaciones de café y corazones en obra
Gabriel había insistido en llevar primero a Victoria a casa de Catalina, asegurándose de que la niña quedara instalada cómodamente en brazos de su abuela, con toda su pañalera y juguetes. Fue un traspaso de mando suave, casi ceremonial, donde Catalina aceptó a la niña con una sonrisa que, por primera vez en semanas, incluía un asentimiento cortés hacia Gabriel.
Luego, condujeron hacia las oficinas de Fuentes Moda. El tráfico matutino era denso, pero dentro del coche, el silencio ya no era incómodo. Era un silencio de posguerra, de reconstrucción.
Al llegar frente al edificio corporativo, Gabriel detuvo el auto. Se giró hacia Isabella, quitándose las gafas de sol para mirarla a los ojos.
— ¿Estás lista para volver al ruedo?
— Siempre —respondió Isabella, desabrochándose el cinturón—. El trabajo es lo único que nunca me falla.
Gabriel sonrió levemente ante la ironía.
— Te vendré a buscar después del almuerzo —anunció él—. Para ir