CAPÍTULO 214 — La tregua de los hombres rotos
El pasillo de neonatología tenía esa acústica particular de los lugares sagrados, donde el sonido de los pasos se amortigua y las palabras se susurran como oraciones. Gabriel llegó con el paso cansado pero firme, trayendo consigo el olor a ciudad y a batallas legales recién libradas. Su mente todavía repasaba las estrategias contra Bárbara y Larrea, pero al doblar la esquina que llevaba al ventanal de la UCI, el mundo exterior se desvaneció.
Frente