CAPÍTULO 188 — El regreso de la musa
De regreso a la oficina, Isabella se sentía renovada. Haber visto a su ahijado, haber sentido el apoyo de la familia de su exesposo que ahora era simplemente su familia extendida, le había dado una energía renovada.
Al entrar en su despacho, encontró a Fátima inclinada sobre una mesa de luz, revisando unos negativos de la última sesión de fotos. Fátima levantó la vista y, al ver la expresión relajada de Isabella, sonrió.
— Veo que el almuerzo con el principito Fabrizio te sentó bien —comentó Fátima, dejando la lupa a un lado—. Tienes mejor color que esta mañana.
Isabella dejó su bolso en el perchero y se sentó en su silla, suspirando con satisfacción mientras se quitaba los zapatos por un momento bajo el escritorio.
— Fue medicina pura, Fátima. Ese niño es un ángel. Y Camila… bueno, Camila es una leona. Me hace sentir que todo este proceso de la maternidad es posible, incluso si el camino es difícil.
Fátima se acercó y se sentó en el borde del escr