Mundo ficciónIniciar sesiónIsabella estaba sentada tras su escritorio, revisando unas facturas de proveedores de la India, pero su sonrisa era distraída, suave, dirigida hacia adentro. Fátima, que estaba organizando una pila de muestras de terciopelo en el sofá, la observaba con esa mezcla de curiosidad y protección que se había vuelto su marca registrada.
Fátima dejó las telas a un lado y se cruzó de brazos.
— Bueno, ya no aguanto más el suspenso —soltó Fátima, rompiendo el silencio productivo—. Llevas veinte minutos mirando esa factura como si fuera una carta de amor, y sé que los precios del lino no son tan emocionantes.







