Los días transcurrieron lentos y sin resultados alentadores.
Camila aún no salía de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Aunque su embarazo se había estabilizado un poco, seguía sufriendo pequeñas complicaciones que mantenían a todos con el corazón en un puño.
Su salud se convirtió en la prioridad absoluta.
Habían conseguido a los mejores médicos, los tratamientos más avanzados y todos los cuidados posibles. Sin embargo, ninguno de ellos podía asegurar que Camila despertaría por completo ni