La culpa comenzó a pesar sobre la conciencia de León Lison como una enorme losa.
Permaneció sentado sobre la cama durante varios minutos, incapaz de moverse.
El silencio de aquella habitación era insoportable.
Cada rincón le recordaba el miedo que había visto en los ojos de Camila.
Llevó ambas manos al rostro y cerró los ojos con fuerza.
Por primera vez en muchos años sintió vergüenza de sí mismo.
Había perdido el control.
Y, peor aún, había lastimado a la persona que, según él, amaba.
Buscó de