Ajustando cuentas (3era. Parte)
Al día siguiente, en la madrugada
Londres
Matthew
No siempre aceptar ayuda es lo mejor. A veces, en lugar de aliviarte, puede complicarlo todo, hundirte aún más o echar por tierra tus planes. Pero negar la ayuda tampoco es la solución. Tal vez el secreto esté en poner límites, establecer reglas claras y aprender a esperar a que pase la tormenta. Porque, al final, todos necesitamos una mano alguna vez. Alguien que vea lo que nosotros no podemos ver, que tenga otra perspectiva. Y quizá —solo quizá