Capítulo 35

Seguía sus movimientos mientras se acomodaba la camisa.

—No hubo ningún problema —aseguró Alejandro ajustándose el cuello—. Fue bastante sencillo.

—Entonces… —probé, apoyando una cadera en la isla—, ¿ya está abajo?

—Sí. Aparcado en su sitio. Le cambiaron las cuatro ruedas y aproveché para hacerle el cambio de aceite. Está perfecto.

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