Había pasado un año. Un año de paz invernal, de reconstrucción y de pañales. Aunque, en la Mansión del Bosque Oscuro, "pañales" era un término relativo.
Abajo, en el gran salón decorado con miles de rosas blancas y luces de hadas, se escuchaba el estruendo de tres pequeños huracanes. Bjorn, Eirik y Thorsten acababan de cumplir su primer año, pero nadie lo diría. La sangre de Alfa puro había acelerado su crecimiento de forma sobrenatural. Parecían niños humanos de cinco años: corrían, hablaban c