Victoria Thorne corría por los pasillos subterráneos del Palacio de las Naciones. Sus tacones resonaban en el hormigón. Estaba furiosa. Su plan perfecto se había desmoronado. Mikael la había rechazado. Elena la había humillado. Y ahora, sus mercenarios estaban siendo masacrados en televisión mundial.
—¡Malditos animales! —gritó, llegando al garaje privado donde la esperaba su coche blindado—. ¡Los quemaré a todos! ¡Lanzaré una bomba nuclear sobre ese bosque si es necesario!
Pero Victoria había