Elena retrocedió hasta que sus piernas chocaron contra el borde del colchón. Su respiración era irregular, sus ojos saltaban de las garras de Mikael a su rostro humano.
—No... —susurró, negando con la cabeza frenéticamente—. Esto es un truco. Me has drogado. Hay algo en el agua del hotel. ¡Estás loco!
Mikael dio un paso hacia ella, pero Elena levantó una mano temblorosa. —¡No te acerques! Si eres... si eres lo que dices... demuéstralo.
Mikael se detuvo. —¿Qué?
—Quiero verlo —desafió Elena, con