La puerta doble de caoba se abrió con un estruendo que hizo vibrar los cristales de la araña del techo.
Elena entró. Llevaba un vestido negro nuevo, impecable y afilado como una cuchilla, el cabello recogido en un moño severo y caminaba con una calma que cortó el caos de la habitación al instante. Detrás de ella, cerrando la puerta con un clic suave, venía Mikael. El Rey Alfa tenía las manos en los bolsillos y una sonrisa de diversión en la cara, disfrutando descaradamente del espectáculo de ve