Eirik llegó a la sala principal. El olor a pescado podrido y sangre antigua le revolvió el estómago. Y allí estaban.
Victoria Thorne estaba de pie sobre una pasarela elevada. Tenía a Aurora agarrada por el pelo, con un cuchillo de sierra oxidado presionado contra su garganta. Aurora estaba golpeada, sucia, y tenía los ojos hinchados de llorar. Pero cuando vio a Eirik, dejó de luchar.
—Eirik... —susurró ella. Pero no había esperanza en su voz. Había despedida. Sabía la verdad sobre su origen. Se