El Gran Salón de Helsinki brillaba. La Gala de Invierno era el evento del año, donde humanos y la élite sobrenatural se mezclaban bajo una tregua tácita de champán y música clásica.
Eirik Berg estaba de pie en un balcón VIP, con una copa de agua en la mano, aburrido hasta la médula. Abajo, cientos de personas bailaban. Podía oler sus emociones: envidia, lujuria, ambición. Le daba asco.
—Cinco minutos para el discurso de papá —le susurró Bjorn al oído.
—Genial. Cinco minutos más de tortura —murm