Habían pasado dos meses. Dos meses de paz invernal, de noches ardientes y de una prosperidad que la Manada del Bosque Oscuro no había visto en décadas.
Elena se había convertido en el corazón logístico de la manada. Mikael, en su espada. Juntos eran imparables. Ingrid y su padre habían desaparecido del mapa, recluidos en el Este, en silencio absoluto.
—Probablemente se estén lamiendo las heridas —había dicho Tor, el Beta, hacía una semana—. Saben que no pueden contra nosotros.
Pero el silencio