Allyson Drake se encontraba sola en la habitación del motel donde se refugiaban temporalmente. La lámpara del buró apenas iluminaba la estancia, proyectando sombras largas sobre las paredes. Había apagones intermitentes en todo Grayhaven desde hacía días, y cada vez que las luces titilaban, un escalofrío recorría su cuerpo.
Se sentó en el borde de la cama, con las manos temblorosas sobre las rodillas. Desde niña, la oscuridad había sido su condena. No era solo un miedo irracional: la oscuridad