Asteria, incómoda por la cercanía de Ari y su comentario, intentó mantenerse tranquila. Su mano tamborileaba suavemente sobre el brazo del sofá, buscando disimular su inquietud.
Lysandra, quien había estado observando la interacción en silencio, decidió intervenir. Su postura se tensó, y aunque no levantó la voz, su tono era firme como una roca.
—¿Qué intentas, Ari? —preguntó, su mirada fija en él con una intensidad que congelaría a cualquiera.
Ari sonrió con una fingida inocencia, lev