Asteria sostuvo la mirada de la mujer, sintiendo el peso de su pregunta flotando en el aire, como un hilo invisible que las unía en una verdad aún no revelada.
La noche parecía haber detenido su curso alrededor de ellas. El aire estaba frío, impregnado con la humedad característica de la ciudad. El sonido lejano de un auto cruzando la calle resonó con un eco amortiguado, pero en la entrada de la casa, el mundo se había reducido a este instante.
—Sí —respondió Asteria, su voz firme pero car