Alfonso llegó a su departamento con el corazón latiéndole con fuerza.
No era solo la emoción, era algo más… una mezcla de ilusión y nerviosismo que lo hacía moverse rápido, con las manos temblorosas y la sonrisa tonta de un niño antes de Navidad.
Hoy sería distinto.
Hoy, por primera vez, no solo celebraría el cumpleaños de su hijo con un juguete caro o una salida improvisada.
Esta vez, habría una fiesta real, con globos, pastel, amiguitos corriendo por todas partes, regalos envueltos en papeles