La pequeña los miraba con una mezcla de duda e incomodidad. Había algo en el aire, una tensión invisible que incluso ella, con su corta edad, podía percibir. Pero bastó una mirada a su madre para que sus piececitos corrieran decididos y se abrazaran con fuerza a sus piernas.
—¡No beses a mami! —protestó con una voz aguda, protectora—. ¡Mami es de Rossyn!
Fue en ese instante que Hermes soltó lentamente a Darina, como si la niña hubiera pronunciado un conjuro. Dio un paso atrás, esbozando una sonr