Los niños lloraban desconsolados, con gritos entrecortados por el miedo.
La camioneta avanzaba entre el asfalto mojado por la llovizna ligera, como si el cielo también llorara la herida que había dejado el destino en su familia.
Darina los abrazaba con fuerza, tratando de protegerlos con su cuerpo como un escudo humano. Su corazón latía como un tambor fuera de control. Las lágrimas no cesaban, pero ella las disimulaba como podía.
—Mami… —la vocecita temblorosa de Hernán rompió el silencio—. ¿Pap