—¡Hermes! —gritó Darina con la voz rota, al verlo desplomarse como si el tiempo se hubiera detenido.
El eco del disparo aún resonaba en el aire, cortando la tensión con un zumbido agudo.
Uno de los empleados, disparó de nuevo, con el rostro desencajado por el pánico, bajó el arma temblorosa mientras todos volteaban hacia el techo, desde donde un cuerpo acababa de caer.
Hermes.
El mundo de Darina se colapsó en un segundo.
Él yacía en el suelo, su camisa blanca se manchaba rápidamente de rojo.
Su