Cuando bajaron del auto, un sol tenue bañaba las veredas del zoológico.
Darina entrecerró los ojos al ver el lugar; no recordaba la última vez que había estado en uno.
Un guardia apareció con tres triciclos coloridos, y los niños soltaron un grito de alegría tan espontáneo que Darina sintió que algo dentro de su pecho se ablandaba.
Los pequeños corrieron hacia los carritos, subieron entusiasmados, pedaleando con torpeza mientras sus risas llenaban el aire como campanas felices.
Hermes y Darina l