Sus labios se rozaban con desesperación contenida, como si el pasado pudiera curarse con un beso. Se buscaban con urgencia, con hambre… pero justo cuando parecía que el deseo iba a consumirlos por completo, un sonido los detuvo en seco.
Un llanto.
Ambos se quedaron congelados.
Hermes cerró los ojos, respirando hondo. Su corazón palpitaba desbocado, no solo por la pasión, sino por la conciencia de su responsabilidad.
Se incorporó con un suspiro y caminó hacia la habitación de los niños, donde Hel