Rossyn se levantó de la mesa con una sensación extraña en el estómago.
Había algo en el ambiente que la incomodaba. Una vibración sutil, como una advertencia silenciosa. Se llevó una mano al abdomen, intentando calmar ese mal presentimiento que crecía con cada segundo.
—Debo ir al baño —dijo en voz baja.
Azul, que no le quitaba los ojos de encima desde que Fátima apareció en la fiesta, se levantó casi al mismo tiempo.
—Voy contigo.
Pero justo antes de que pudiera seguirla, un mesero se le acercó