Tessa fue arrastrada hasta el hospital psiquiátrico como si se tratara de un desecho humano.
El aire pesado y denso del lugar la envolvió desde el momento en que cruzó aquellas rejas oxidadas.
Aquel edificio no era un refugio para sanar la mente, no era un hospital en esencia… era un lugar de sombras, donde los gritos se apagaban en paredes frías y los llantos se mezclaban con el eco de pasillos interminables.
Sus ojos temblaron al ver a Gustavo, esperándola al fondo, con esa sonrisa torcida que