Marcus se alejó tan rápido que sus pasos apenas hicieron eco en el pasillo.
Cuando Félix llegó a la puerta, ya no había nadie allí. Su respiración se agitó como si hubiese corrido un maratón, buscó con la mirada, pero solo encontró el vacío y la penumbra.
—Imaginaste a alguien —dijo Sienna, intentando calmarlo, aunque su propia voz temblaba.
Ella misma no estaba segura de lo que había visto: aquella sombra fugaz, aquella silueta que parecía observarlos. Sus ojos reflejaban duda, pero, como si no