En el hospital, los pasillos parecían vacíos y silenciosos, como si el mundo hubiera decidido hacer una pausa para que Sienna pudiera procesar todo lo que había ocurrido.
Cada paso que daba hacia la salida se sentía pesado, como si el aire mismo la empujara hacia atrás.
Su corazón latía acelerado y su mente repasaba los recuerdos que regresaban poco a poco, como piezas de un rompecabezas que llevaba años incompleto.
El doctor entró en la habitación con los estudios en la mano y la mirada serena