Félix la condujo lentamente hasta la habitación, cada paso cargado de deseo y tensión.
Su corazón latía con fuerza, un tambor que parecía resonar en todo su cuerpo, haciéndole sentir viva y al mismo tiempo vulnerable.
Las paredes parecían encogerse a su alrededor, concentrando cada mirada, cada suspiro, cada movimiento en ellos dos. La miró con intensidad, y en ese instante, los segundos parecían eternos.
Cayeron juntos sobre la cama, el roce de su piel provocando chispas que incendiaban su pecho.
Sin decir una palabra, él comenzó a despojarla de la ropa con manos ardientes, recorriendo cada centímetro de su piel con una mezcla de pasión y ternura que la dejó sin aliento.
Ella quiso hablar, quiso confesarle que esperaban un hijo, que había un nuevo latido de vida que los unía más allá de ellos mismos, pero no pudo.
Cada beso que le robaba la dejaba muda, atrapada en la intensidad de aquel instante.
Sintió cómo sus manos exploraban su cuerpo con una mezcla de hambre y cuidado, como si