—Hermano… —Orla bajó la voz, sus dedos entrelazados temblaban—, ¿puedes estar conmigo en el ultrasonido?
Alexis no lo dudó ni un segundo. Se inclinó hacia ella y tomó sus manos con firmeza, transmitiéndole esa calma que siempre había sabido darle desde que eran niños.
—Claro que sí. Cuentas conmigo para todo, Orla. Mírame —dijo con intensidad—, incluso si Félix decide darle la espalda a su propio hijo, yo estaré ahí. Yo seré como un padre para él, y tú y mi sobrino serán felices. Te lo prometo.