Alexis sostuvo con ternura la pequeña mano de Melody y la condujo hacia la cama donde su madre descansaba.
El hospital estaba en silencio, interrumpido solo por el pitido constante de las máquinas y el paso apresurado de médicos y enfermeras en el pasillo.
La niña caminaba con pasos cortos, sus ojos grandes y asustados brillaban con una inocencia que desgarraba el corazón.
—Mami —dijo con voz temblorosa, acercándose al borde de la cama—, no te vas a ir al cielo, ¿verdad?
Sienna sintió un nudo en