Al día siguiente, cuando Nelly abrió los ojos, lo primero que hizo fue abrazar a su hijo.
El pequeño dormía aún con una calma que parecía ajena a todo el caos que había rondado su mente la noche anterior.
Había tenido una pesadilla terrible, de esas que te dejan con el corazón encogido, donde no podía encontrarlo en ninguna parte de la ciudad.
Lo buscaba con desesperación, recorriendo calles vacías y oscuras, gritando su nombre mientras un frío helado le calaba los huesos. Nadie la ayudaba. Nadi