Nelly salió del auto con un impulso desesperado, su corazón palpitaba con tanta fuerza que parecía que iba a estallar. Apenas sus pies tocaron el pavimento, estuvo a punto de correr con todas sus fuerzas, buscando la libertad, la esperanza de huir con su hijo. Pero entonces, sintió aquella mano dura y firme atrapando su brazo.
—¡Ethan, suéltame! —gritó, con la voz rota por el miedo y la rabia.
Los ojos de él brillaban con una determinación que la estremeció.
—¡No escaparás, no con mi hijo!
Ella