Jeremías llegó al hospital, su corazón latiendo con fuerza y su mente llena de pensamientos oscuros.
La desesperación lo envolvía como una niebla densa, y cada paso que daba hacia la entrada del edificio parecía un esfuerzo monumental.
Las luces del hospital parpadeaban en su visión periférica, pero todo lo que podía pensar era en Tarah.
Se acercó al mostrador de recepción, la ansiedad apretando su pecho como una garra.
—Por favor, necesito saber sobre Tarah Duarte —dijo, su voz temblando, casi