Tuvieron que volver a la iglesia. El aire estaba denso, como si el mundo se hubiera detenido en ese instante, cargado de un peso invisible.
Antes de entrar, Alexis se adelantó y tomó con fuerza el brazo de Sienna, impidiéndole avanzar.
—¿De verdad vas a casarte con otro hombre? —su voz temblaba entre furia y súplica—. ¿No me darás una oportunidad de redimirme? ¡Incluso hicimos el amor!
Sienna lo miró con aquellos ojos azules que en otro tiempo le habían pertenecido, que habían brillado para él c