Sienna llegó al salón de fiestas acompañada de su padre, Orla y Félix.
Desde el momento en que cruzaron la puerta, la magnitud de la celebración la golpeó.
Todo estaba impecable: la lujosa decoración, los arreglos florales que destellaban bajo la luz cálida de los candelabros, las mesas vestidas con manteles de seda y cristalería reluciente.
Era un escenario de ensueño, diseñado para enamorar a cualquiera, pero Sienna no podía sentir otra cosa que asco y rabia.
Cada sonrisa falsa, cada saludo ef