Al día siguiente, la pequeña Ziara fue dada de alta del hospital.
La noticia llenó de alegría a todos, especialmente a Enzo, quien había estado ansioso por tener a su hija de regreso en casa.
La llevaron a su hogar, y al entrar, Ziara se sintió como si hubiera regresado a un mundo que le pertenecía. Su energía era contagiosa, y su risa iluminaba cada rincón de la casa.
Nada más llegar, vio a Enzo en la sala.
Su corazón se llenó de felicidad al verlo, y sin pensarlo dos veces, corrió hacia él con