Sienna llegó a la casa con el corazón encogido.
Había pasado toda la mañana ayudando a Orla y Oriana, asegurándose de que estuvieran cómodas, cuidándolas, aunque contaban con la presencia de una enfermera.
Aun así, Sienna no podía evitar preocuparse por ellas. La fragilidad de ambas le hacía sentir la responsabilidad de protegerlas como si fueran su propia familia.
—Orla, creo que debes ver a un especialista —dijo Sienna con suavidad, intentando no sonar autoritaria, sino protectora.
Orla titube