—Papito, ¿qué pasa? —preguntó la pequeña, con los ojos llenos de confusión y preocupación. La inocencia en su voz resonaba como un eco en el corazón de Demetrio, quien, con un impulso protector, cargó a la niña en sus brazos, alejándola de aquel hombre que había traído tanto dolor a su vida.
Enzo, frustrado y lleno de rabia, intentó seguirlos, pero Melody se interpuso en su camino, deteniéndolo en seco con una mirada que combinaba la decepción y la determinación.
—¡Ya basta, Lorenzo! Has hecho d