Pronto, los abuelos se dirigieron al hospital con paso calmado, aunque en sus corazones la emoción latía con fuerza.
Era la primera vez que veían a su nieto recién nacido y la curiosidad mezclada con ternura los tenía embelesados.
Cada pequeño gesto del bebé, cada respiración suave, les arrancaba sonrisas y suspiros de asombro.
—¿Ya eligieron algún nombre? —preguntó Oriana, inclinándose hacia la cuna, sus ojos brillando de expectativa.
Félix y Orla se miraron con una complicidad silenciosa, esa