Melody y Ethan se encontraron en la sala, un lugar cargado de silencio y de recuerdos que parecían pesar sobre las paredes.
—Gracias por ayudarme, Ethan —dijo ella, con la voz temblorosa, aunque intentaba sonar firme—. No quiero que te sientas responsable por esto.
Ethan tomó su mano con decisión, como si ese simple gesto sellara una promesa más grande que los dos.
Sus ojos oscuros la miraron con un brillo intenso, cargado de determinación.
—Ahora más que nunca lo haré —respondió con voz grave—.