No puedo rendirme
Noah se presentó ante ella por primera vez, con una sonrisa galante que la lleno de nervios, y Areliz sonrió con una sonrisa temblorosa, casi sin ser capaz de pensar correctamente al tener delante a semejante hombre que fue capaz de cautivar la solo en ese primer momento de conocerlo.

Noah era un hombre que parecía unos años mayor que ella (que luego supo que sí, que era dos años mayor), alto y de hombros anchos, de cabello castaño bien peinado, una mandíbula fuerte y afilada y una leve barba
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Elvira Portilloes una pena, pero la realidad es otra, hay demasiado dolor, demasiada humillación para que lo perdone y vuelvan a estar juntos
gustavo riverosque pena pobre Areliz pero como perdonar todo lo que le hizo y dijo nunca tuvo un poco de duda por ella que sea feliz Areliz con alguien que no dudé de ella y que Noa se quede solo por imbecil solito se buscó eso
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