Remy acompañó a Areliz a su casa, los dos conversando animadamente, sonriendo relajados, hasta que llegaron a la puerta y llegó el momento de despedirse.
—Hoy la pasé genial, me divertí muchísimo —exclamó Areliz alegremente, luego miró a sus manos unidas y sonrió con algo de ternura—. Sabes, Remy… quizás esto pueda funcionar… —Él la miró muy sorprendido y ella de pronto se sintió muy nerviosa y soltó su mano, guardándola detrás de su espalda—. Pe… pero… de… deberíamos ir… lento. —Carraspeó.
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