Cuando Noah llegó a la casa de Areliz, estacionó su auto y vio que Teo venía detrás suyo, aun que claro que ya lo había notado pero no pensó que estaría tan cerca, así que lo esperó hasta que se bajara y se acercara a él para mirarlo ceñudo.
—No pienses detenerme, Teo, ya estoy decidido. Tengo que hablar con Areliz.
—No quiero detenerte, Noah —le aseguró, sorprendiéndolo—. Solo quiero estar cerca en caso de que no aceptes la realidad, para que no hagas ni digas nada de lo que luego te arrepie