5. El rey de los licántropos
Elara termina su desayuno con rapidez, limpiándose los labios con una servilleta antes de levantarse de la silla. Sus ojos se clavan en la sirvienta, quien sigue de pie con la mirada baja, a la espera de nuevas órdenes.
—Llévame con ese rey —ordena Elara con voz firme.
La mujer inclina la cabeza en una reverencia sutil antes de asentir con respeto.
—Sígame, por favor, SuperLuna.
Elara frunce el ceño y gira la cabeza hacia Matías, quien la observa desde su asiento con una sonrisa enigmática.
—¿P