El informe que sostengo entre mis manos es solo una excusa, un pedazo de papel inútil que ni siquiera revisaré. Lo sé. Pero el teatro debe continuar.
Camino hacia la oficina de Jesús con pasos que intentan parecer seguros, aunque cada latido en mis sienes delata la verdad. La puerta está entreabierta, y a través de la rendija veo a Adriana inclinada sobre el escritorio, sus uñas rojas arañando ligeramente la superficie de madera mientras señala algo en un documento. Jesús asiente, su perfil i