El teléfono vibra contra el escritorio justo cuando termino de redactar mi informe. Un mensaje de Jesús:
"¿Qué tal con Montenegro?"
Tres palabras que pesan como bloques de cemento. Mis dedos se ciernen sobre la pantalla antes de responder:
"Nada de qué preocuparse. Todo bajo control."
Miento. Todo está bien, menos yo.
Los puntos suspensivos aparecen y desaparecen varias veces antes de que llegue su respuesta:
"Kathy está bien. Todo salió bien en el hospital. Ya conseguí el psicólogo que